Lo último que he cocinado (y fotografiado)

lunes, 29 de agosto de 2011

Cómete el coco

No es ninguna revelación que tengo devoción al coco. Incluso me podéis ver comiéndolo aquí en casi todas sus formas.
El caso es que la medicina occidental, en general, y la Sabiduría Convencional, con especial saña, difaman injustamente a esta maravilla de alimento, ¿por qué? Bien sencillo, en valores aproximados, el 60% del coco es grasa, o sí grasa, horreur... Pero es que además de esa grasa, el 90% es grasa saturada..., ¡oh, no! ¡GRASA SATURADA! ¡Huyamos ahora que aún estamos a tiempo! ¡Sólo con leer la palabra notamos como nuestras arterias se taponan! ¡Nos sentimos ahogados en una piscina de colesterol malo! ¡Etcétera! (sí, "etc.", es que no tengo ganas de escribir más gilipolleces provenientes del extremo opuesto a la realidad).
Bien, ya he dicho aquí que la grasa saturada es una grasa estable (no se estropea al cocinarse, por ejemplo) y que por lo tanto es una grasa saludable (véase, Fundamentos Paleo, Fundamentos Espartanos o este artículo), pero hay un aspecto importante a tener en cuenta sobre la grasa saturada del coco en particular. Y es que aproximadamente el 66% de la grasa del coco se compone de triglicéridos de cadena media (MCTs en inglés, no hay página específica en Wikipedia sobre ellos en español, so sorry...), que se absorben directamente desde el intestino delgado sin necesidad de ser modificados, como los ácidos grasos de cadena larga, y además no requieren sales biliares para la digestión. Los pacientes que tienen desnutrición o síndromes de malabsorción son tratados con MCTs, ya que no requieren de energía para la absorción, utilización o almacenamiento. Los ácidos grasos que se encuentran en estos MCTs van directos al hígado como una maravillosa fuente de energía super-rápida.
Pero aún hay más... Aunque los ácidos grasos del coco se absorben tan rápido como el azúcar, este fruto maravillos apenas tiene carga glucémica, con lo que no provoca un pico significativo de glucosa en sangre con su consiguiente respuesta insulínica, que nos conducirá a la bajona y a la nueva necesidad de azúcar, como sí pasa consumiendo alimentos azucarados.
Y eso no es todo, señoras y señores... Junto con la leche materna y algunas semillas de palma, el coco es la mejor fuente natural de ácido láurico (un MCT, que en el coco supone el 47% de su grasa), que parece ser que tiene propiedades antimicrobianas y refuerza el sistema inmune.
Así pues, parece que con el coco son todo ventajas, pero, ¿qué hay de esa gran cantidad de grasas saturadas y lo supuestamente (asumidamente, debería decir) malas que éstas son para la salud? Pues según muestran los estudios, en los países tropicales, que es donde más coco se consume (sobre todo se cocina con su grasa) los índices de enfermedades cardiacas son bajísimos (Sri Lanka fue el país con más bajo índice de muerte por cardiopatía isquémica en 1978 y se hartaban/hartan de coco), mmm..., qué contradicción más sospechosa, pensaréis, pero es que además en esos países hay bajísimos índices de sobrepeso...
- ¿Quiere eso decir que aún hay más ventajas?
- Sí.
- ¡Oh, Jonhy, es increíble, me estás empezando a convencer! ¡Cuéntame más, por favor!
- Bien, parece ser que la grasa del coco ayuda a perder grasa corporal, ¿cómo te quedas, Mary?
- Me quedo muerta...
- Según este estudio, así sería. "El aumento de la oxidación de las grasas con el consumo de triglicéridos de cadena media, en relación con triglicéridos de cadena larga, se asocia con un menor peso corporal inicial y una mayor pérdida de tejido adiposo subcutáneo". Los datos en ese estudio sugieren que "la derivación de la grasa de la dieta hacia la oxidación resulta en una disminución del almacenamiento de grasa, que se refleja en la pérdida de peso corporal y tejido adiposo subcutáneo". Vamos, que esta grasa es un quemagrasas. Este otro estudio también sugiere que los MCTs ayudan a perder grasa corporal, además de mejorar la sensibilidad a la insulina, reducir el daño intestinal y proteger contra la hepatotoxicidad (¡Bien por los que le damos al vino!). ¡Definitivamente, Mary, el coco es el producto que necesitas!
- Oh... Gracias, Jonhy, gracias...

Isla desierta, coco, pez crudo, como que gordo no te pones, ¿eh, Tom Hanks?
¿Cómo lo como?
Esta claro que comprándolo en la frutería y armándonos de un martillo, una puntilla y paciencia nos podemos poner bien de coco. Damos golpes alrededor con el martillo hasta que se abra, derramamos su maravillosa y dulce agua en un vaso que beberemos con placer y después, con el cuchillo hacemos palanca para sacar trozos de carne, procurando no rebanarnos un dedo. Recomiendo hacer esto al comprarlo y sacar toda la carne en trocitos y meterla en un tupper en la nevera para ir picando, mejor currar un poco de una vez y dejarlo hecho que ponernos a entresacar cada vez que queramos un trozo...
Luego estaría el coco rallado que yo personalmente no uso. Si os va, simplemente aseguraos que lo que hay en la bolsa es coco y nada más. Precisamente por componerse de gran cantidad de grasa saturada, muy estable, insisto, no creo que el proceso de elaboración estropee el alimento.
Pero desde hace poco, he descubierto una nueva, cómoda y barata (poco más de un Euro la unidad) forma de comer coco que recomiendo. La leche (o jugo) de coco enlatada. Funciona como si fuera nata y es perfecta, aparte de como fondo de salsa para hacer deliciosos curris orientales (estoy experimentando con el tema y prometo una receta pronto), para batidos de frutas. Para dos personas es perfecta media lata, un buen puñado de frutas que nos apetezcan y quizá un poco de hielo. A la batidora y a gozar de una auténtica, requetesaludable y de-li-cio-sa bebida energética, ideal para cargar las pilas antes de entrenar, desayunos, meriendas, tentenpieses, semiayunos, fiestas de guardar...
En Elcortinglés y Carreful podéis encontrar de la marca Blue Dragon, en la sección de comida oriental. Este lleva algunos "Es", como estabilizador: E466 (carboximetilcelulosa), como emulgente: E471 (mono- y diglicéridos) y como antioxidante: E330 (ácido cítrico). Doy por hecho que las cantidades son mínimas y los productos en sí (mirad enlaces) no parecen tampoco muy preocupantes, en realidad los Es son para dar un aspecto más homogéneo al asunto, ya ves tú... Pero os recomiendo que si tenéis localizado algún supermercado o colmado de productos orientales, os acerquéis, porque allí encontraréis más variedad y seguramente marcas que sólo lleven coco y agua (no confundir con Cocoguagua). Yo compré en una de estas tiedas dos botes riquísmos pero ahora mismo no tengo, así que no puedo recomendar marcas, lo haré en cuanto vuelva.
Y dicho todo lo dicho, sólo me queda añadir, como diría un maño de la ribera del Ebro: ¡Co, co, cómete el coco, co!
Gocen,
Nach


P.D. ¿Consejos de cómo comerse el coco? ¿Experiencias? ¿Buenas? ¿Malas? Dejad comentarios, por favor.
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martes, 16 de agosto de 2011

(Mi) Gazpacho

Verano. Tomates que saben a tomate. Gazpacho.
Nada nuevo, pero aquí tenéis mi visión.
No es especialmente especial mi gazpacho pero tiene tres particularidades que lo hacen rico-rico y sano-sano (y por supuesto, muy paleoespartano): No lleva pan, no lleva agua, sí lleva un poco de fruta.
La verdad es que lo de sin pan y sin agua ya lo aprendí en casa mucho antes de paleoespartanizarme con fervor. Si añades agua al gazpacho lo que consigues es..., aguarlo. Y que por lo tanto tenga la consistencia, color pocho y (falta de) sabor de los gazpachos de cutremenú del día. Si añades pan, aparte de tirar un poco por tierra un plato saludable, lo que haces es meterle relleno, como si fuera un embutido cutre al que enchufan féculas. ¿El motivo es suavizar la "fuertor" (que bonita palabra que no existe) de la cebolla y el ajo? Pues utilizad poco ajo, cebolla dulce o cebolleta y "matadla" un poco.
Lo de la fruta es por que me gusta ese toque dulce y si es una fruta roja pues también le da un poco más de color. Yo suelo usar sandía, si llego a enganchar a tiempo tomates buenos antes de que pase la temporada de cerezas, un puñado de ellas también iría muy bien y lo mismo pasaría con las fresas. Se trata de escoger una fruta, eh, no de hacer una mezcla de varias.
Ingredientes para llenar una jarra grande que nos tiente desde la puerta de la nevera:
Click para agrandar si hay dudas con los ingredientes
  • Tomates (muchos tomates, 1-1,5 kg, maduros).
  • Pepino (1/2).
  • Pimiento rojo (un buen trozo).
  • Pimiento verde (un buen trozo).
  • Cebolla tierna (1/2).
  • Ajo (1/2 diente sin el germen).
  • Sandía (una rodaja).
  • Sal marina.
  • AOVE.
  • Vinagre de Jerez.
  • Vinagre de manzana.
  • Zumo de limón.
Preparación:
Lavamos y cortamos en trozos algo más pequeños los pimientos, la cebolla, el medio diente de ajo y el pepino pelado. Los ponemos en el vaso de la batidora/thermomix o recipiente grande para la batidora de mano. Añadimos una pizca de sal, un chorrín de vinagre de Jerez y un chorrín de vinagre de manzana (con esta mezcla de vinagres, pretendo tener el sabor del Jerez sin que sea demasiado fuerte, por eso "rebajo" con un vinagre suave como el de manzana) y el zumo de medio limón pequeño exprimido a mano. Trituramos unos segundos (aquí, si fuera estrictamente necesario, para que las cuchillas enganchen bien los ingredientes, se puede poner un chorrito de agua) y nos vamos con los tomates. Nota: con este proceso, al mezclar el vinagre, sal y limón con los ingredientes fuertes y dejarlo reposar un rato, "matamos" un poco la cebolla y sus efluvios más fuertes.
A los tomates les hacemos un pequeño corte en cruz en el culo y procedemos a escaldarlos (ponemos un cazo con tres dedos de agua a hervir y cuando rompa, metemos los tomates un minutillo máximo, les damos la vuelta y otro minutillo máximo), luego los sacamos y los enfriamos un poco en un bowl con agua fría, más que nada para no quemarnos al pelarlos. Este proceso, gracias al corte y al escaldado será sencillo. Vamos metiendo todo junto a la mezcla verduril y cuando no quede tomate añadimos la sandía despepitada, otra pizca de sal y un generoso chorro de AOVE. Trituramos hardcoremente un minuto. Probamos y rectificamos si es necesario de aceite, sal y vinagre, trituramos más.
Metemos tapado en la nevera y a disfrutar. Estará más bueno al día siguiente.
Nutrición:
  • Pues con tanta verdura qué puedo decir... Este plato es cojonudo, minerlaes, vitaminas, muy diurético..., perfecto para cuidarse si no se nos va la mano con el aceite (que por sacarle un defecto al AOVE, si se toma mucho, pues engorda). Lo dicho, minerales por doquier, mucha vitamina C y carotenos como el licopeno, un maravilloso antioxidante que protege de cánceres como el de próstata (¡muchachos, a por el gazpacho!) y es buenísimo para la piel (lo tiene el tomate y también la sandía). Si bien, el cuerpo absorbe más licopeno cuando el tomate está cocinado con una grasa, el gazpacho es básicamente tomate, así que va bien cargadito y precisamente por ser un plato con ingredientes crudos, tendremos los beneficios del crudiborísmo, menos vitaminas estropeadas y por tanto aprovechables y muchas encimas, fundamentales para todo. Y ojo, parece ser que la sandía contieneCitrulina, potente relajador y dilatador de los vasos sanguíneos que funciona como una viagra natural. Vamos, el gazpacho con sandía es el tentempié o primer plato perfecto para un verano con salud, energía, buen ánimo, una piel protegida por dentro y un vigor sesuar imparable para los hombres. ¡A gozar!
Por el sol, pero con cuidado, y buen provecho,
Nach

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lunes, 1 de agosto de 2011

Sobrevivir a las vacaciones sin arruinar la operación biquini

He vuelto, como MacArthur. Estaba de vacaciones, sí, es cierto. Pero probablemente mientras yo escribo esto, muchos de vosotros sois los que estáis de vacaciones. Si es así, lo celebro, porque no deja de ser un privilegio, con la que está cayendo, poder escaparse aunque sea unos días. En ese sentido yo soy un afortunado (aceptaré algún insulto, pero no os paséis enviando rollo chungo, que bastante tengo con el jetlag y un semiacatarramientoleveraruno) y he hecho un gran viaje en la mejor compañía posible. Pero bueno, aunque sienta algún pinchazo del alfiler reminiscente de la culpa judeo-cristiana, tampoco voy a emplear muchas líneas justificándome, no tengo coche, no tengo casa, tampoco hijos ni grandes gastos, así que me gasto los cuartos en viajes, lo que para mí hasta ahora, es la mejor forma de invertir.
Sí emplearé estas líneas en lo que procede: sacar de mi viaje algo de provecho para este blog. Y es que la mayoría de los mortales, con la llegada de la primavera y el afloramiento de los primeros y blanquecinos trozos de carne, se (nos) empeña(mos) en poner en marcha esa sacrificada operación bikini para lucir una figura lo más esbelta posible en las playas y los lagos y los ríos y las terrazas y más aún en las discoteques. Para luego arrancar las vacaciones y entregarnos con golosa pasión y lujuriosa entrega al "de perdidos al río" con la comida y la bebida. Total que tanto dolor primaveral para luego echarlo todo por la borda en verano y en septiembre colapsar los ordenadores de los gimnasios con solicitudes de matrícula.
Buff...
Si aún estáis a tiempo, quizá mi experiencia os valga, ya que sin renunciar en absoluto al placer culinario he conseguido volver de vacaciones ligeramente más delgado de lo que me fui. ¡Toma!
La gran conclusión es que el ayuno intermitente es una gran herramienta y es más o menos lo que me he aplicado con buenos resultados.
Este modelo creo que es aplicable para vacaciones viajeras activas o semi-activas, de esas en las que normalmente te levantas pronto, vas a visitar cosas, caminas mucho, turisteas, viajas bastante por carretera, con algún día de rascarte las bolas leyendo mucho, otros con opción de hacer algo de deporte y en las que normalmente acabas las jornadas en un sitio de comida rica engullendo gran cantidad de cerveza local. Creo que también es válido aunque implicará más esfuerzo (sobre todo si hay madres, tías y/o abuelas involucradas, que con amor y buenas intenciones pero quien sabe si con acierto van a encargarse de alimentaros) para vacaciones del tipo "quince días en la playa/pueblo/monte". Para aventuras más sacrificadas, tipo un trekking largo, mejor os coméis lo que os den cuando os lo den, encomendados al saber hacer del cocinero y su buen criterio (y presupuesto) comprando.

La cosa, de forma resumida, se basa en tres puntos:
-Desayuna como si no hubiera mañana (pero con cabeza).
-Pasa el día sin sentarte a comer, picoteando algo saludable cuando te entre hambre.
-Cena bien, con gusto, alegría (con cabeza), no demasiado tarde y regando con cerveza local (o vino si es rico y asequible).

Así de fácil. Ahora pormenoricemos.

El desayuno triunfador.
Perfecto para llevar a cabo en hoteles con buffet libre o si lo compráis y preparáis vosotros. En otros casos, apañaos lo mejor que podáis.
Apretaos una buena cantidad de grasa saludable y proteína. Los huevos son perfectos (2 o 3 son los que yo me hincaba), si creéis que la grasa con que los cocinan es de dudosa calidad (vamos que no es AOVE, de coco, o mantequilla) minimizad la cantidad o mejor aún pedid huevos poché o pasados por agua y para asegurarnos una proporción saludable entre omega-3 y omega-6, que sean de corral (perfecto si son ecológicos). Acompañad con cosas como bacon, pez ahumado (para mí que haya pescado ahumado en un buffet es lo más), jamón, o algún embutido si os da mucha confianza, también algo de queso siempre que sea del bueno (nada de plástico, por favor, al loro con los lácteos). Si hay verduras a la plancha u os ponen una ensalada, p'adentro con ello.
Antes o después de lo salado, como os plazca y mejor os siente, comed tanta fruta de temporada como queráis. De hecho, si estáis en algún país exótico, lanzaos a probar nuevas frutas. También valdrían zumos recién hechos sin azúcar añadida.
Basad el desayuno en esto y acopañad (si os mola) con té o café, sin o minimizando al máximo el azúcar.
Si no podéis pasar sin pan, adelante con un poco (al fin y al cabo son vacaciones, joder...), pero el menor posible, lo mejor posible y que lo que le caiga encima sean cosas como tomate, mantequilla (nunca, nun-ca margarina, aseguraos bien) o AOVE y la menor cantidad de mermelada posible.
Si resulta que el hotel es bueno y tiene una selección de bollería artesana irresistible, concedeos un caprichito después de todo lo anterior, de manera que ya estéis muy saciados y sea sólo una pulsión de bocadito goloso final lo que os mueva. Nunca baséis el desayuno en esa sección del buffet ni empecéis a comer por ahí. Si hacéis la compra, evitadlo lo más posible.
Gran desayuno: Bacon, embutido, ensalada, verduras gratinadas, huevos, té, plátanos, piña, sandía roja y amarilla y mangostán, mmm... (también cayó un bollito, ejem...)

El día sin comer.
Si la grasa y la proteína han dominado el desayuno, pasarán muchas horas hasta que tengáis hambre. Cuando esto ocurra y es importante que ocurra, es decir, que seáis conscientes de la sensación de hambre y que sea vuestro cuerpo el que os pida alimento, no lo apetitoso de lo que veis o que sea "la hora de comer" o que vuestro guía se lleve un regalo o comisión si os hace comer en algún sitio concreto, cuando esto ocurra, decía, entonces comed algo saludable. Evitad a toda costa las marranadas infames que vienen en bolsas de colores que no dejan casi un rincón del planeta sin contaminar y de nuevo atacad a la fruta local de temporada (en los trópicos especial mención para el coco en todas sus formas, que está lleno de grasa buena que da cantidad de energía para un buen rato), unos trocitos de embutido o de queso y, en menor medida y procurando que sean crudos o tostados, frutos secos o combinaciones de los anteriores, también valdría un pinchito, una minitapa (ojo con el pan y los rebozados). La cuestión es comer un poquito y dejar que el cuerpo asimile, se alimente y nos lance un mensaje: "oyes, que ya estoy bien por ahora", "chacho, dame un poco más". Siempre procurando ser conscientes de cuándo tenemos hambre realmente y cuando nos lleva a comer la fuerza de la costumbre, de los horarios marcados o el compromiso.
Los 3 estadios del coco: verde, semimaduro y maduro. El reloj prueba que me comí los 3

La merecida cena.
Hay que cenar a gusto y de forma saludable, si estáis en un sitio de mar, a darle al buen marisco y al pescado, lo menos rebozao y salseao posible, si habéis ido al monte, a darle a las vacas, la caza... Y si hay de todo y rico, mucho mejor, la variedad es lo ideal. Mucha verdura y minimizando los cereales, harinas, salsas indescifrables (bueno, hay curris a base de verduras, especias y leche de coco que son una maravilla de ricos y sanos), pero en definitiva no hay ningún truco supersecreto aquí, si tenéis dudas, ya sabéis: Fundamentos Paleo y Fundamentos Espartanos.
En cuanto al vino (si está rico y asequible) y la cerveza local (que si está lo suficientemente fría siempre sabrá rica), yo francamente no me voy a privar, aparte de que aportan (si uno no se pasa) alguna cosa buena para la salud, dan alegría y excusas para brindar (parece ser que brindar con agua da mala suerte y ¡no se os vaya a ocurrir cenar con Coca-Cola u otro refresco, malditos herejes!) con tus compañeros de mesa y así mirárles a los ojos, sonreírles y compartir la alegrá de vivir.
Trozaco de atunaco a la plancha, un poco más de verde y cena resuelta

Conclusiones.

Lo primero y fundamental es que esto se puede hacer y es mucho más fácil y llevadero de lo que muchos podéis imaginar.
Es importante cargarse bien de grasa buena, proteína, vitaminas, minerales y fibra soluble en el desayuno, eso nos garantiza largas horas de aguante feliz, sin bajonas propias de los desayunos azucarados o harinados.
El hecho de no hacer una comida fuerte a mitad de día tiene varias ventajas, una es que sin atracón no habrá necesidad de enorme siesta posterior, con lo que en esos viajes activos, no vamos a desperdiciar dos horas de nuestro valioso tiempo planchando la oreja en el hotel o no nos vamos a perder preciosas vistas desde el coche o bus que nos traslada al siguiente punto de interés o vamos a estar dando cabezadas con las afanadas explicaciones del guía en el templo, museo o catarata que estemos visitando.
Además se va creando cierto pero perfectamente llevadero déficit calórico que hará que en caso de necesitar más energía, la saquemos de nuestros michelines.
Llegaremos a la hora de la cena con merecido hambre y además lo más probable es que queramos cenar pronto, con lo que fácilmente pasarán al menos 1 o 2 horas antes de que nos acostemos, así que dormiremos mejor (más teniendo en cuenta esa no siesta de 2 horas) y también es muy probable que entre la cena y el desayuno haya al menos 12 horas o incluso más, con los beneficios que tiene para el cuerpo ese periodo de ayuno (la digestión es un proceso costosísimo para el cuerpo) a nivel de recuperación, ajustes y eliminación de toxinas e incluso de grasa innecesaria.
NOTA: También cabría hacer una comida fuerte a medio día y aguantar el resto del día picando, si por vuestro plan diario es mejor, pero creo que os será más difícil y además las ventajas con el tema del sueño no serán tan buenas.
NOTA 2: Tengo ganas de probar esto en el curro, porque en los trabajos de jornada partida y más con calor, lo que se hace después de comer es un dolor y una lucha constante contra la modorra letal, ya contaré...

Pues así han sido mis vacas la mayor parte de los días en el aspecto nutricional, con mejores (y rápidamente visibles) resultados cuanto más en serio nos tomabamos esto (mi chica y yo). En el aspecto gourmetero han sido increíbles (ahí están las fotos como pequeña muestra), porque en Indonesia se come de maravilla y a muy buen precio.
Espero que disfrutéis del verano, ojalá con vacaciones y si no las tenéis, al menos gracias a la buena fruta veraniega, los tomates con sabor a tomate, los tintos de verano, las cañitas heladas y la gente que queréis.

Salud,
Nach


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